Turno Cu4tro

Un blog gamberro sobre miniaturas y wargames

DzC: El tiempo anterior (XIV)

LOS INESPERADOS, LOS
IMPENITENTES, LOS INOPORTUNOS
En la víspera de la invasión
planeada, un pequeño grupo de naves saltó sin anuncio previo en las
proximidades de Aurum, actual planeta sede del Alto Concilio de la UCM.
Aparentemente humanas en origen, estas naves fueron escoltadas hasta la órbita tranquilamente,
y saludados por el crucero pesado de la UCMF Rubicon. Los visitantes se declararon
pacíficos y solicitaron parlamento con quien ostentase la autoridad.
Tras mucho debate, se permitió a
una pequeña delegación acceder al Rubicon para ser inspeccionados, y tras ello
bajar a la superficie y pasar a la cámara del Alto Concilio de la UCM, que al
parecer se encontraba reunido dada la inminencia de la invasión.
Los recién llegados eran
claramente humanos a nivel físico, pero tenían un cierto halo sobrenatural, que
combinado con un comportamiento arrogante hacía sentirse incómodos a los observadores,
aunque ninguno sabía decir el motivo. Sus naves eran obviamente humanas, pero
mucho más elegantes que las naves utilitarias e industriales de la UCM. Vestían
ropas sencillas blancas, pero su piel reflejaba ocasionales destellos de plata,
lo que muchos veían como señal de mejoras biónicas.
Los extranjeros saludaron
cortésmente al consejo, se inclinaron en señal de respeto, y realizaron la
siguiente declaración:
“Somos representantes de la
Esfera Blanca, humildes reflejos de la República Post-Humana. Respetuosamente aceptamos
y apreciamos vuestra hospitalidad.
Generaciones atrás, nuestros
ancestros lucharon una batalla desesperada e inútil contra vosotros. En un
tiempo de gran confusión, las acciones tomadas se estimaron prudentes. No nos
disculpamos por ellos, y no esperamos disculpas por vuestra parte. A pesar de
ello expresamos nuestro gran pesar y arrepentimiento por las pérdidas de vidas
engendradas por ellas.
No venimos a reconciliarnos.
Sospechamos que el perdón no puede ganarse en tan poco tiempo.
Venimos en vez de ello, a
aconsejaros. La empresa que estáis a punto de acometer es temeraria, inoportuna
e inadecuadamente preparada. Habéis progresado admirablemente en encontrar de
nuevo vuestra fuerza, pero en esta locura abriréis una Caja de Pandora de
guerra perpetua y muerte de la cuál ninguna de vuestras vidas verá el fin.
La Advertencia de la Esfera
Blanca se mostró precisa, y con ella en mente humildemente os suplicamos que
prestéis atención a estas palabras.”
Sólo el silencio agradeció estas
palabras. En las mentes de todos los presentes, la verdad se hizo evidente –
estos eran los descendientes de los odiados Abandonistas, aquellos que habían
traicionado a la humanidad antes de la llegada de la Plaga y habían arrasado
sin sentido la flota para salvar sus propias vidas. Los murmullos crecieron
entre los consejeros, hombres que habían escuchado las historias de sus
antepasados, cuya percepción de sus antiguos hermanos sólo se había ennegrecido
durante casi 170 años. Tras lo que parecieron horas de indignante silencio,
Helena Beleque, Presidente de la UCM, se levantó para hablar.
“Pienso que hablo por todos mis exaltados colegas, y de hecho por las
personas de las Colonias Unidas, al dar la bienvenida a las noticias de vuestra
milagrosa supervivencia. Aquí somos todos humanos, y ahora todos sabemos que
nos enfrentamos a mayores amenazas para nuestra existencia que nosotros mismos.
La existencia de otros de nuestra perseguida especie debe ser sólo una
bendición, en la cara del enemigo que nos sitia.”

Tras permitir que los murmullos
decepcionados en la cámara se acallasen, continuó, “Sin embargo, pienso que también comparto sus sentimientos al mantener
que de hecho, no perdonamos a vuestros antepasados por sus acciones. Su cobardía,
traición y actos de agresión debilitaron a nuestra especie en un momento en que
cada onza de nuestra fuerza era necesaria. Si vosotros no podéis encontrar un lugar
en vuestra agenda para el arrepentimiento, tampoco nosotros podemos encontrarlo
para perdonaros.”

En el silencio tras esta afirmación,
el embajador de la República habló, “Tiene
razón y se equivoca en la misma medida, Señora Presidenta. Nuestra
supervivencia fue indudablemente milagrosa, y de hecho no mostramos
arrepentimiento, aunque sólo aquellos incapaces de aceptar la verdad habrían
juzgado nuestras acciones de cobardes. En cuanto a su primera afirmación, he de
corregirla, nosotros ya no somos simples humanos. Somos mucho más que eso. Por
ello, valoramos vuestras opciones en esta empresa de escasas.”
La Presidenta Beleque respondió rápidamente
y en tono severo, “No reconocéis la
fuerza de nuestros hombres y el ardiente deseo en sus corazones. La Plaga ha reducido
a escombros nuestros hogares con una maligna ocupación que nuestras conciencias
no pueden seguir consintiendo. Uníos a nosotros en esta gran tarea, y con el
tiempo podréis pagar por la sangre de los millones que asesinasteis sobre Vega.
Hasta que ese día llegue, consideraos fuera de nuestra protección, y nuestros
enemigos si os atrevéis a entorpecer nuestro propósito.”
Tras un largo silencio, el
Mariscal Supremo Zachiev, famoso por su falta de cortesía, se levantó de su
banco en la cámara del Concilio y espetó, “Dejadnos,
traidores. No tenemos nada más que deciros.”
Mientras la delegación de la República
abandonaba la cámara en un silencio reservado pero resuelto, cualquier
esperanza de una humanidad unidad se marchó con ellos.