Turno Cu4tro

Un blog gamberro sobre miniaturas y wargames

DzC: El tiempo anterior (XII)

RECONOCIMIENTO, RESISTENCIA Y
REVELACIONES
Los primeros pasos hacia la
venganza implicaron un estudio más profundo y misiones de exploración. Ninguna
nave de las UCM se había atrevido a aventurarse cerca de los planetas centrales
durante más de 160 años, y nadie estaba preparado para lo que encontrarían.

A las primeras misiones de
exploración se enviaron las naves con capacidad FTL más perqueñas y rápidas
jamás producidas por la humanidad; los exploradores ligeros clase Lysander.
Eran maravillas de la ingenuidad humana, diseñados con el único propósito de
reconocimiento. Su bajo tiempo de carga FTL, motores de primera clase y su
diseño sigiloso y pequeño hicieron factibles estos primeros viajes de
exploración.
Sin embargo, estas incursiones en
territorio hostil eran aún terriblemente peligrosas, y muchos fueron perdidos
frente a naves de la Plaga errantes. Un complejo sistema de cifrados y
encriptaciones aseguró la protección de las localizaciones de los nodos
coloniales, evitando que la Plaga alcanzase las colonias aunque alguna nave
cayese en manos enemigas. En cualquier caso, el último deber de cualquier
capitán frente al peligro de que su nave fuese capturada era la destrucción de
su ordenador de navegación de pliegue temporal. La bravura de estos hombres y
sus tripulaciones proporcionó a las UCM un primer vistazo a los centros
perdidos de la civilización humana.
La primera sorpresa fue que era
posible volver con precisión hasta los planetas centrales. La supervivencia de
un puñado de nodos de pliegue espacial indicaba casi con seguridad la presencia
de fuerzas humanas amigas. Todos los nodos espaciales habían sido destruidos en
primera instancia por la Plaga, pero varios nodos junto a planetas seguían
operativos. El hecho de que estas antiguas máquinas siguieran aún operables
tras más de un siglo y medio sugería un mantenimiento regular – un hallazgo
increíble.
Era simplemente demasiado
arriesgado intentar un contacto inalámbrico sin encriptar con cualquier
superviviente en tierra, ya que se suponía que la vigilancia de todos los
canales por la Plaga era algo muy probable. En su lugar se propusieron
temerarias inserciones de equipos de reconocimiento como la única oportunidad
probable de establecer contacto con fuerzas terrestres supervivientes.
Meses de cuidadosa planificación
precedieron a estas osadas misiones. La observación extensiva de los centros
urbanos durante estas salidas reportaron muchas sorpresas. Pronto se hizo obvio
que muchos complejos urbanos y estructuras fabricadas por el hombre estaban aún
siendo mantenidas y se encontraban en uso, principalmente las áreas
industriales. Análisis más precisos reportaron adiciones alienígenas a estas
áreas, señalando que se encontraban de hecho bajo control de la Plaga. Esto fue
un descubrimiento sorprendente para los equipos de exploración, quienes
esperaban ver las grandes ciudades de la humanidad reducidas a cenizas.
Eventualmente, se detectaban
antiguas balizas de peligro personales de la AAT. La jeroglífica y arcaica
encriptación estándar que estas balizas utilizaba hacia que fuesen difíciles de
localizar para las fuerzas de las UCM. Claramente habían sido elegidas por
luchadores de la resistencia en tierra como marcadores jeroglíficos adecuados
para pasar inadvertidos frente a la Plaga. El descubrimiento de estas balizas
renovó las esperanzas de los exploradores, y aumentó el potencial de éxito de
las misiones terrestres.
No mucho después, las primeras
botas de la UCN aterrizaron sobre Jericho, uno de los Mundos Cuna más externos.
El cielo era gris con los restos de la industria pesada y el aire ligeramente
acre, pero a pesar de ello encontraron la superficie mucho más hospitalaria de
lo esperado. Al alcanzar el origen de la señal de la baliza, eventualmente
contactaron con un grupo de supervivientes humanos harapientos y desesperados.
Se estrecharon las manos como en el pasado y aceptaron la noticia, se contaron
historias de la existencia en los antiguos centros de la civilización.
Se reveló que la resistencia de
la humanidad no había sido finalmente aplastada por la carnicería de la Plaga.
Una pequeña minoría se las apañó para seguir resistiendo desde las
alcantarillas, bosques y junglas de Jericho. Habían sido ellos quienes habían
movido y mantenido los nodos de pliegue espacial, con la mínima esperanza de
que algún día llegaría ayuda. También se reveló, que el destino de la mayoría
había sido mucho peor de lo que jamás habrían imaginado. Hasta el genocidio habría
sido considerado preferible al horrible destino de tan desafortunadas masas.
Meses después de la invasión, los
luchadores de la resistencia quedaron paralizados al ver lo que parecían
humanos luchando junto a los guerreros de la Plaga. Nadie podía entender como
semejantes traidores podían colaborar con los viles alienígenas. Una vez que varios
fueron capturados, las similitudes con los guerreros de la Plaga fueron obvias.
Tenían la piel aceitosa, una sed inextinguible y parecían pálidos de tez. Sus
ojos estaban llenos de odio y malicia, y parecían incapaces de hablar. Sus
movimientos, aunque mucho más controlados que los de los guerreros de la Plaga,
eran aún así algo erráticos.
Al paso del tiempo, estos
colaboradores humanos se hicieron más y más numerosos, y lentamente fueron
volviéndose más parecidos a los “guerreros lagarto”. Los individuos capturados
sudaban profusamente, mostrando una sed inextinguible y eran de un color casi
blanco, con ojos rojos, brillantes y llenos de odio. Claramente ya no eran
completamente humanos – eran guerreros de la Plaga.
Los luchadores de la resistencia habían
observado que no envejecían físicamente, sino que se degeneraban gradualmente.
Una verdad horrible se hizo patente; se trataba de las mismas almas
desafortunadas que habían sido capturadas por la Plaga durante la invasión,
hacía más de un siglo y medio. Los exploradores pronto aprendieron que quedaban
pocos de los “guerreros lagarto” originales, y que las fuerzas de la UCN se
iban a enfrentar a un enemigo completamente inesperado y horrible; los
“poseídos” restos de su propio pueblo.